La soledad de los sujetos
(aunque en la cama o en la calle)
no se da durante el sueño o
el camino
Tú y yo somos, por ejemplo
dos seres noctámbulos que combaten
esta naturaleza
sin descanso
forzándonos las cinturas, quedando
transidos por espacios
nuevos donde someternos
con las piernas y los sexos levantados
como hachas
En el juego víctima-verdugo
donde el género de las palabras es a veces
motivado
inútil es fingir por dignidad
sin resistencia y
gemir como expresión del testimonio
genocida
Gritemos pues para que el goce se haga
público y por tanto
tan humano que llegue a ser perverso
Lo demás no es sino una sinestesia
de golpes y caricias indistintas
que queda entre nosotros
los amantes
Qué triste parecernos todavía
torturados:
Sin memoria, desahogando furias
y ficciones, naciendo a bofetadas y bramidos
que dintelan nuevos lloros, con los ojos
fijos sobre cuerpos transparentes
Y hablamos de fidelidad a quién
a qué, con qué valor
a qué, con qué valor
cuando fuera como dentro acudimos
a la epifanía de la violencia
Y al acabar, como judas especulares
o narcisos nos besamos en la boca
delatando o relatando (sin diferencia)
la mentira en que vivimos.
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