“Hablar no es la cuestión, sino seguir
jodiendo”, confesó, y puede que no se
jodiendo”, confesó, y puede que no se
equivocara, sin embargo el error
nunca conmueve sin otro
error más transversal y en consecuencia
más profundo. Puedo decir que al oprimir su piel
-de la que creía saberlo todo-
entre el metal y los tendones
sugería porosidades de papiro antiguo y quise
firmar en ella una sentencia remota
de rencor ancestral acumulado
De repente fui cobarde ahondando
en una sangre que sólo conocía censurada
bajo el beso al apretar los dientes y confieso
ahora
que fue menos piedad que repugnancia
o higiene
Me conformé entonces con apartarle un poco
las bragas, pues supe de inmediato
que aquello que quería en realidad
asesinar
se hallaba ahí dentro
De ese odio nacerá nuestro hijo.
Bravo!
ResponderSuprimirInteresantes reflexiones. Saludos.
ResponderSuprimir