lunes 13 de junio de 2011

Martin Johnson Heade

Te conocí a través de un puzzle
de unas cuantasmil piezas
(Puedo comprender aquellos simples
por su afuncionalidad pero
¿qué clase de detective necesita codificar
como en un sueño
un millar de hechos preconcebidos donde
solamente el niño, en su cualidad de dios
conserva, como un reto aún honorable
el desinterés por la creación ociosa de lo evidente?)

Te conocí, decía más o menos
como aquel labio asesino que olvida el carmín
entre ceniza
o como un cadáver putrefacto que llevara
su foto en la billetera

Y eras bello en tu forma de enorme orquídea
rosácea, desangrada en su recodo
por ti mismo para el néctar, ahora colibrí, trazo amatista
allá donde debió latir algo parecido
a un corazón como un grumo de cera enfriándose

Y en la tarea de ordenar el caos no hizo falta
sino el absurdo de volver hacia detrás
para encontrarte

Somos bestias absortas en el paisaje
descompuesto de la historia, a la espera
de ser inventados

Te conocí a retazos, como nos conocemos todos
pero eres sin embargo
el único eslabón que encaja
en la exuberancia de lo que se ignora.

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