sábado 14 de mayo de 2011

Y recuerdo las veces que me invitó a su casa
aún adolescente, aunque yo menos
y me hablaba de marxismo y que si la materia
artística debía ser espíritu
y yo la besaba. Y aceptaba la paradoja, en fin
mientras no fuera materia
de conversación

Y no sé, y me volvía loco su aire aburguesado
y ambos éramos sensibles y aún quedaba algo
de conciencia histórica reprimida
Y ella pensaba demasiado en mí
y en mi futuro sobre todo, y me imaginaba
en la calle, sin blanca ni ideales
y yo, para no romperle el corazón, la besaba
y revivíamos algo de la parusía
que quedaba entre los dos

Y eso era música, como un relato sin articular
o una embolia a mitad de un discurso

Y tócame, le decía, tú sabes lo que
a mí me gusta
Y ella se sentaba al piano y entonces
ni yo la veía alejarse ni sentía ya la rabia
ni sabía que las tardes hacía mucho tiempo
que acababan y venían otras
cada vez menos feroces

Y recuerdo que el silencio se modulaba así
Ni más ni menos

Y ni fue nunca ése el tempo de Bach
y ni eso sonó jamás a Schubert pero qué cojones
yo la quería y ella no se iba a dar ni cuenta
durante unos cuantos años más y
ni siquiera.

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