lunes 31 de enero de 2011

RAJA-YOGA

Contra toda tópica amatoria
y recordando a aquellos que acabaron hartos
de los consejos ovidianos
cuya traducción contemporánea
debiera ser “hollywoovidianos”
Contra todos aquellos que comulgan con la voluntad
destaca un nombre de la teosofía mística
que no debéis olvidar: Patanjali

Para nacer
Patanjali imaginó el sonido de su nombre
vertebrándose en el tiempo
y un ídolo luminoso que habitaba lentamente
los huecos florecidos de sus ojos
-Juan de la Cruz lo hacía en sus Noches-
Su palabra, como una lengua sufriendo la partícula
impuso secreta penitencia a los sentidos
que, de puro trueno que antes de sonar
revienta
alcanzaron en su anacronismo
la exacta melodía

Tiempo después, ya nacido
Patanjali se arrancó la voz
para que el alma trascendiera sin aniquilar
su idioma

La lección estética era simple
Cuando una idea se revela
desde el absurdo o la precisión
no es más que música
La misma que harían los huesos de un esqueleto
al chocar entre sí

De esta manera explicó la fe, como el silencio
que se perpetúa evitando pronunciarse

Así como la madre condena al hijo
con un nombre por el que será juzgado
así la fe busca el amor entre los hombres
aunque los hombres mueran y se olviden

En su último acto memorable
Patanjali se arrojó sonámbulo al mar
nocturno para no oírse ni verse, pues
quien ignora su propia muerte
es quien se sabe eterno, como quien por fe vive
en una boca de serpiente de tan profunda
Oscura de tan sin luz. De tan sin alma
hueca.

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