Entrar en ti
Sin que juegue el alma
Sí la boca, sí los labios
Duros, corpóreos
La necesidad drástica de tus dientes
Distinguir el dolor mutuo
El filo primitivo que desgarra
Ser masticado hacia el hambre
Hacia la soledad aguda
Del aliento íntimo, hermético
Temblar con la oscilación de la saliva
Con la sal sofocante de la ternura
Derramar el frío visceral en el pulso último
Dejarme sentir coágulo espeso, sustancial
Ahogarme sin piedad ni arrepentimiento
Abrazarme a tu aparato digestivo
A tu amor gástrico
Jugar contigo
Mutar en ti
Moldearme a ti
Sumergirme en tu cristal tangible
Y encontrar de nuevo el llanto
Como recién nacido
Frente a la final desembocadura
Olvidemos por esta vez el alma
Hagamos de nuestras entrañas una oda
Al fin y al cabo
Somos pura anatomía poética.
sábado 31 de octubre de 2009
lunes 12 de octubre de 2009
Por no saber no sé si este que fuiste
Soy yo o el porvenir que me imagina
Si lo que no ha empezado no termina
Y lo que ha terminado ya no existe
Tampoco sé si hablarle al ruido es vano
Si un grito es la palabra que me quema
Si sangre o melodía, hambre o poema
O niño roto o prematuro anciano
No sé si soy de azar o de arquitecto
Si soy mi fuero interno y ay si fuera
Chirrido fuera, el cri cri de un insecto
Si soy la comunión de algo cualquiera
Alma y víscera en un mismo concepto
Si soy un hombre o soy una quimera.
Soy yo o el porvenir que me imagina
Si lo que no ha empezado no termina
Y lo que ha terminado ya no existe
Tampoco sé si hablarle al ruido es vano
Si un grito es la palabra que me quema
Si sangre o melodía, hambre o poema
O niño roto o prematuro anciano
No sé si soy de azar o de arquitecto
Si soy mi fuero interno y ay si fuera
Chirrido fuera, el cri cri de un insecto
Si soy la comunión de algo cualquiera
Alma y víscera en un mismo concepto
Si soy un hombre o soy una quimera.
jueves 1 de octubre de 2009
Llamándome animal no te equivocas
Al hambre me responde el apetito
Mi miedo es un instinto de la noche
Tu rastro se pierde en la piel vestida
Me llamas animal si te sugiero
Que así limpia sin mí tú no eres tuya
La carne a solas no es más que extravío
Y solos somos sólo un par de ciegos
Pero en el grito hay vaho y porcelana
La horrible sed del eco y la burbuja
Tú sabes que besarnos sin mordernos
No es ya besar, siquiera herirnos tanto
Vivamos de un sudor que no respire
Que gima y así huela el respirar
Como el olernos. Juega a que el rocío
Apenas derramado brame un trino
Vierte el tacto en tu voz por mi saliva
Espantada de sus gladiolos mudos
Y déjate llorar sobre este ronco
Funeral de alacranes desbordados
Que sea esto el dolor y no esa absurda
Sátira de hombres y mujeres tristes
Por eso llámame animal
Llámame animal tanto si me huyeras
Como si en solsticio frágil cortaras
El aire entre dos cielos enemigos
Separando el martirio del milagro
La carne yerta del Lázaro Bíblico
Tú, sesgo de la lid que abre tus piernas
Mi boca esclava y roja al mar se agita
Mesías, tú, desde el exilio, gritas
Y un éxodo de sangre nos libera
No soy un animal porque haya dado
La pulpa más ardiente de tu herida
Su vértice abismal a un sol egipcio
Me llamas animal porque mi lengua
Y orejas y nariz y ojos y rabo
Desguazan tus temblores, así, sísmicos…
Al hambre me responde el apetito
Mi miedo es un instinto de la noche
Tu rastro se pierde en la piel vestida
Me llamas animal si te sugiero
Que así limpia sin mí tú no eres tuya
La carne a solas no es más que extravío
Y solos somos sólo un par de ciegos
Pero en el grito hay vaho y porcelana
La horrible sed del eco y la burbuja
Tú sabes que besarnos sin mordernos
No es ya besar, siquiera herirnos tanto
Vivamos de un sudor que no respire
Que gima y así huela el respirar
Como el olernos. Juega a que el rocío
Apenas derramado brame un trino
Vierte el tacto en tu voz por mi saliva
Espantada de sus gladiolos mudos
Y déjate llorar sobre este ronco
Funeral de alacranes desbordados
Que sea esto el dolor y no esa absurda
Sátira de hombres y mujeres tristes
Por eso llámame animal
Llámame animal tanto si me huyeras
Como si en solsticio frágil cortaras
El aire entre dos cielos enemigos
Separando el martirio del milagro
La carne yerta del Lázaro Bíblico
Tú, sesgo de la lid que abre tus piernas
Mi boca esclava y roja al mar se agita
Mesías, tú, desde el exilio, gritas
Y un éxodo de sangre nos libera
No soy un animal porque haya dado
La pulpa más ardiente de tu herida
Su vértice abismal a un sol egipcio
Me llamas animal porque mi lengua
Y orejas y nariz y ojos y rabo
Desguazan tus temblores, así, sísmicos…
domingo 20 de septiembre de 2009
Inflexión
-Déjame seguir. Sé que no eres capaz de apreciar la profundidad de estas palabras, y que si nunca te he hablado de una manera parecida, ha sido porque eres bella, muy bella, y simple, y sólo has querido la parte también más llana de mí. Nunca te has preguntado si había más, sabiendo que lo había, no eres tan tonta. Tienes la simpleza de las personas guapas que tienen más simpleza que armonía. La diferencia que nos dibuja es precisamente la otra parte de nosotros. Lo idéntico es que ambos nos despreciamos. Los dos hemos despreciado siempre el alma de cada uno. Tienes la misma obligación de escucharme que yo de hablarte.
-¿Qué dices?
-Digo que nuestra diferencia es que yo puedo tocar un cuerpo como el tuyo, firme y curvo, de jovencita en edad de derrocharte, uno de tantos, pero de los salvajes, calientes, perfectos. Poca gente con mi inteligencia y sobre todo mi sensibilidad ha podido medir la curvatura de sus palmas con la de unos muslos como los tuyos. Besar tu rictus que, aunque sé que desconoces el término, me refiero a tu sonrisa, que es magnífica, sensual, hecha toda de carne, es un extraño privilegio de la casualidad. Y no te hablo de un don que poseo, sino que es algo menos, es quizá una tortura.
-Cállate, déjame en paz.
-No. Aunque no entiendas nada me debes oír, porque será la única vez que se te revelará un secreto que seguro nunca te has llegado a plantear, pero que te pertenece.
-Será la única y la última. ¿Qué estás diciendo? Cállate, idiota. Tú no eres nadie para hablarme así.
-Escúchame ¿Qué he buscado yo en ti? ¿Qué sigo buscando? La verdad es que tu sexo me ha enamorado. Qué más podía hacerlo. Ninguna de tus cartas huecas. Nada de tus regalos estereotipados, de esos que seguirás haciendo a cada hombre que pasará por tu vida hasta que tu culo y tus tetas bajen medio palmo y se vuelvan inexistentes para el resto.
En ese momento tuvo que buscar en la oscuridad el brazo de ella para retenerla. Tampoco se resistía demasiado. En el fondo quería seguir escuchando todo, groserías que herían profundamente su autoestima. Se sentía como un objeto arañado y sucio, inservible y orgulloso, con la sola idea de vengarse de un ser al que había creído conocer todo este tiempo, pero que se estaba revelando de repente, quedando extraño sobre lo oscuro de unas sábanas que todavía olían a sexo animal.
-Me has tratado como a cualquier otro. Acostumbrada a tus hombres, guapos como yo, salvajes como yo, y ahí te has quedado. Sé que no te mereces más, y sobre todo que no necesitas más. Pero, ¿y yo? Si te digo todo esto es porque ya no puedo soportar tu constante desprecio arreglado de besos, caricias, revolcones y tequieros. No es sólo mi culpa. Piensa en mí, en mi situación. Es difícil encontrar esa conjugación entre la belleza del cuerpo y el alma. No soportaría estar con una mujer fea y sensible y, si soporto al otro género, es porque cubre instantáneamente mis necesidades básicas. Pero ya estoy empezando a sentir la falta casi estúpida del amor puro.
-¡Desgraciado! ¡Monstruo!
-Sí, soy un desgraciado, el más desgraciado de los hombres. Quién lo diría al verme. Sólo quien es como yo. Tú, tú en cambio serás feliz con uno de esos que te llevará al cine, te comprará rosas, te hablará de yo qué sé, y fingiréis que te viola como tantas veces he hecho yo para complacerte y que me creas bruto, viril, ordinario.
-¡Suéltame!
Esta vez el forcejeo era más sincero. A él comenzaba a flaquearle el ánimo con la humanidad casi volátil de los espasmos violentos de ella. Pero todavía no había sido suficiente; la muchacha aún guardaba el reflejo artificioso de la lascivia, la pretensión de que todo fuera una comedia para calentar la cama, y sólo eso. El aumento de su desesperación se lo daba el puñado de palabras y frases que le sonaban todavía incoherentes, absurdas, sin sentido.
-Cálmate. Yo estoy enamorado de ti. Tenme piedad, soy insignificante. He intentado acostumbrarme a esa magnífica capacidad que tenéis la mayoría de olvidar enseguida, con la teosofía abnegada de que un clavo se quita con otro ¿Crees que yo no daría todo lo que tengo, mi poesía, mi música, mi arte, la parte de mi alma infantil todavía, que es lo más sagrado, por ese genio de la intrascendencia que tú tienes? ¿Para qué quiero el sentimiento si no consigo arrancarlo de la memoria? Tenme piedad. Mi pasado es como mi presente, ambos viven todavía. En cambio tú, criatura, eres puro instante. Tus lágrimas son un capricho. Te miro y me pasmo con tus sentimientos extraños para mí. Y eres feliz viviendo, brincando como un potro bajo un cuerpo fuerte y bonito como único estandarte, no sabes siquiera que te vas a morir.
-¡Basta! ¡Deja que me vaya! No se lo diré a nadie pero deja que me vaya, ¡por favor!
Las lágrimas de ella estaban empezando a resbalar sobre su terciopelo terso. Él se arrepiente automáticamente de todo lo que ha dicho. < ¿Por qué a ella? ¿Por qué tuviste que confesarte con ella? Podrías haberte muerto así, con el pecho lleno de soledad. Sabías que no te iba a comprender, que tus palabras son para ella solamente un reproche, un insulto que se ha convertido en vileza. Su pequeño cuerpo no está preparado para algo así. Y se lo has tenido que clamar a ella que, en un arranque repentino de desespero por buscar la comprensión de alguien a quien amas, la has destruido un momento. Suerte que encontrará a otro, y todo esto no será para ella más que el reflejo de un demente descubrimiento. Hablará de ti como si fueras un loco. No has conseguido nada y la has perdido para siempre. Tu único acto de amor sincero ha sido de nuevo un suicidio más >. Automáticamente cede a los temblores de sus frágiles muñecas. Espera rígido en la oscuridad y oye apagarse los gemidos de una boca muda y los sorbos de su nariz congestionada por el llanto. Muy lento, acaricia la longitud de su cintura, la separa un poco, nota la humedad algodonada de su vértice, y entra. Tras unas horas, ella se viste silenciosamente, hace que un bloque de luz vertical manche la cara dormida de él, y un golpecito de madera que sólo ella escucha cierra para siempre lo que podría haber sido una vida cualquiera, pero, al fin y al cabo, una vida.
-¿Qué dices?
-Digo que nuestra diferencia es que yo puedo tocar un cuerpo como el tuyo, firme y curvo, de jovencita en edad de derrocharte, uno de tantos, pero de los salvajes, calientes, perfectos. Poca gente con mi inteligencia y sobre todo mi sensibilidad ha podido medir la curvatura de sus palmas con la de unos muslos como los tuyos. Besar tu rictus que, aunque sé que desconoces el término, me refiero a tu sonrisa, que es magnífica, sensual, hecha toda de carne, es un extraño privilegio de la casualidad. Y no te hablo de un don que poseo, sino que es algo menos, es quizá una tortura.
-Cállate, déjame en paz.
-No. Aunque no entiendas nada me debes oír, porque será la única vez que se te revelará un secreto que seguro nunca te has llegado a plantear, pero que te pertenece.
-Será la única y la última. ¿Qué estás diciendo? Cállate, idiota. Tú no eres nadie para hablarme así.
-Escúchame ¿Qué he buscado yo en ti? ¿Qué sigo buscando? La verdad es que tu sexo me ha enamorado. Qué más podía hacerlo. Ninguna de tus cartas huecas. Nada de tus regalos estereotipados, de esos que seguirás haciendo a cada hombre que pasará por tu vida hasta que tu culo y tus tetas bajen medio palmo y se vuelvan inexistentes para el resto.
En ese momento tuvo que buscar en la oscuridad el brazo de ella para retenerla. Tampoco se resistía demasiado. En el fondo quería seguir escuchando todo, groserías que herían profundamente su autoestima. Se sentía como un objeto arañado y sucio, inservible y orgulloso, con la sola idea de vengarse de un ser al que había creído conocer todo este tiempo, pero que se estaba revelando de repente, quedando extraño sobre lo oscuro de unas sábanas que todavía olían a sexo animal.
-Me has tratado como a cualquier otro. Acostumbrada a tus hombres, guapos como yo, salvajes como yo, y ahí te has quedado. Sé que no te mereces más, y sobre todo que no necesitas más. Pero, ¿y yo? Si te digo todo esto es porque ya no puedo soportar tu constante desprecio arreglado de besos, caricias, revolcones y tequieros. No es sólo mi culpa. Piensa en mí, en mi situación. Es difícil encontrar esa conjugación entre la belleza del cuerpo y el alma. No soportaría estar con una mujer fea y sensible y, si soporto al otro género, es porque cubre instantáneamente mis necesidades básicas. Pero ya estoy empezando a sentir la falta casi estúpida del amor puro.
-¡Desgraciado! ¡Monstruo!
-Sí, soy un desgraciado, el más desgraciado de los hombres. Quién lo diría al verme. Sólo quien es como yo. Tú, tú en cambio serás feliz con uno de esos que te llevará al cine, te comprará rosas, te hablará de yo qué sé, y fingiréis que te viola como tantas veces he hecho yo para complacerte y que me creas bruto, viril, ordinario.
-¡Suéltame!
Esta vez el forcejeo era más sincero. A él comenzaba a flaquearle el ánimo con la humanidad casi volátil de los espasmos violentos de ella. Pero todavía no había sido suficiente; la muchacha aún guardaba el reflejo artificioso de la lascivia, la pretensión de que todo fuera una comedia para calentar la cama, y sólo eso. El aumento de su desesperación se lo daba el puñado de palabras y frases que le sonaban todavía incoherentes, absurdas, sin sentido.
-Cálmate. Yo estoy enamorado de ti. Tenme piedad, soy insignificante. He intentado acostumbrarme a esa magnífica capacidad que tenéis la mayoría de olvidar enseguida, con la teosofía abnegada de que un clavo se quita con otro ¿Crees que yo no daría todo lo que tengo, mi poesía, mi música, mi arte, la parte de mi alma infantil todavía, que es lo más sagrado, por ese genio de la intrascendencia que tú tienes? ¿Para qué quiero el sentimiento si no consigo arrancarlo de la memoria? Tenme piedad. Mi pasado es como mi presente, ambos viven todavía. En cambio tú, criatura, eres puro instante. Tus lágrimas son un capricho. Te miro y me pasmo con tus sentimientos extraños para mí. Y eres feliz viviendo, brincando como un potro bajo un cuerpo fuerte y bonito como único estandarte, no sabes siquiera que te vas a morir.
-¡Basta! ¡Deja que me vaya! No se lo diré a nadie pero deja que me vaya, ¡por favor!
Las lágrimas de ella estaban empezando a resbalar sobre su terciopelo terso. Él se arrepiente automáticamente de todo lo que ha dicho. < ¿Por qué a ella? ¿Por qué tuviste que confesarte con ella? Podrías haberte muerto así, con el pecho lleno de soledad. Sabías que no te iba a comprender, que tus palabras son para ella solamente un reproche, un insulto que se ha convertido en vileza. Su pequeño cuerpo no está preparado para algo así. Y se lo has tenido que clamar a ella que, en un arranque repentino de desespero por buscar la comprensión de alguien a quien amas, la has destruido un momento. Suerte que encontrará a otro, y todo esto no será para ella más que el reflejo de un demente descubrimiento. Hablará de ti como si fueras un loco. No has conseguido nada y la has perdido para siempre. Tu único acto de amor sincero ha sido de nuevo un suicidio más >. Automáticamente cede a los temblores de sus frágiles muñecas. Espera rígido en la oscuridad y oye apagarse los gemidos de una boca muda y los sorbos de su nariz congestionada por el llanto. Muy lento, acaricia la longitud de su cintura, la separa un poco, nota la humedad algodonada de su vértice, y entra. Tras unas horas, ella se viste silenciosamente, hace que un bloque de luz vertical manche la cara dormida de él, y un golpecito de madera que sólo ella escucha cierra para siempre lo que podría haber sido una vida cualquiera, pero, al fin y al cabo, una vida.
viernes 7 de agosto de 2009
Si este corazón no fuera
Como un estómago aullando
Una boca lamida por gusanos
A veces
Para sentirte
Me erizo con tu aliento el cuello
Estremecido, vivo todavía
A tientas
Hago girar un dedo en tu melena
Y me duermo maniatado
Pero si fuéramos mujer y hombre
Y hubiéramos estado ardiendo
Aún con los ojos entornados de sueño
Habríamos hecho el amor
Y habríamos volado en cenizas
Yo
Si este corazón no fuera
Eco de mi fiebre última
Habría dejado entre tus huesos
Lenguas de musgo y sangre
Habría sido tan sencillo
Como un calor que palpita tu mejilla
La sonroja
Y te la besa.
Como un estómago aullando
Una boca lamida por gusanos
A veces
Para sentirte
Me erizo con tu aliento el cuello
Estremecido, vivo todavía
A tientas
Hago girar un dedo en tu melena
Y me duermo maniatado
Pero si fuéramos mujer y hombre
Y hubiéramos estado ardiendo
Aún con los ojos entornados de sueño
Habríamos hecho el amor
Y habríamos volado en cenizas
Yo
Si este corazón no fuera
Eco de mi fiebre última
Habría dejado entre tus huesos
Lenguas de musgo y sangre
Habría sido tan sencillo
Como un calor que palpita tu mejilla
La sonroja
Y te la besa.
Repentino nacer, mi voz callada
Habla ahora mi idioma, una imagen terca
Que olvidando ser se agota y me acerca
Al límite ciego entre el yo y la nada
De niño, vuelto en sábana macabra
Ceremonia en talco y carne que expira
No duerme en el silencio la mentira
Ni la verdad despierta a la palabra
Pero yo creía en Dios, crecí interno
De una moda de muda extravagancia
Con un secreto hastío de hombre eterno
Y así te viví, instante en consonancia
Dudándome entre el cielo y el infierno
Por la marcha fúnebre de mi infancia.
Habla ahora mi idioma, una imagen terca
Que olvidando ser se agota y me acerca
Al límite ciego entre el yo y la nada
De niño, vuelto en sábana macabra
Ceremonia en talco y carne que expira
No duerme en el silencio la mentira
Ni la verdad despierta a la palabra
Pero yo creía en Dios, crecí interno
De una moda de muda extravagancia
Con un secreto hastío de hombre eterno
Y así te viví, instante en consonancia
Dudándome entre el cielo y el infierno
Por la marcha fúnebre de mi infancia.
domingo 28 de junio de 2009
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